EL MUSEO ETNOLÓGICO DE LA HUERTA EN ALCANTARILLA 
( TRADICIONES, COSTUMBRES Y ARTES POPULARES DE LA REGIÓN DE MURCIA )
Museo Etnológico de la Huerta de Alcantarilla Murcia,ubicado en Avenida del Príncipe, s/n., de Alcantarilla, digna manifestación de las costumbres,tradiciones y artes populares, representando un homenaje a los sentimientos de nuestra tierra, con aspiraciones de abrir un hálito de interés a la cultura antropológica, relatando un resumen, de este centro, del que tanto se ha escrito y otros muchos se inspiran, de una parte, en su labor creativa de estudio científico e investigación, y de otra, en servir de molde para la constitución e iniciación de otros semejantes y análogos.

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Museo de la Huerta de Alcantarilla Murcia.

Observando con atención, la transmutación que se viene produciendo en los últimos años por nuestra nueva y expectante “Sociedad”, diferenciando la dejadez y apatía que existía antiguamente en relación con lo significativamente autóctono y con respecto, a lo que hoy día en clave de pretensión, hemos denominado “La Modernidad Avanzada”; en realidad, esta circunstancia, más se refería al trabajo realizado a favor de la tecnología y cibernética, que al propio deseo, de conocerse a sí misma, a través de su etnia y raíces.

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No obstante, esta sociedad avanzada en el consumo de computadoras y ordenadores, cual el progreso y calidad de vida, adquieren cotas de bienestar común, en sectores privilegiados, despierta con apasionamiento, – una vez recibidos datos del agotamiento de los cauces de intervención dedicados al presagio del futuro -, el interés más espectacular y sorprendente, deparado en los últimos años, por el deseo incontenible del conocimiento de nuestro pasado.

Es aquí, cuando entendemos que debemos exigir una “Modernidad” rigurosa y transparente hacia el respeto y diferencia que merecen nuestros ancestros, a través, de los más estrictos fundamentos del estudio de la genética y biología, puestos a nuestra disposición por la herencia Histórico – Antropológica legada.

Aceptando esta sugerencia por solidaridad, es evidente el compromiso de sometimiento interdisciplinar, al que estamos expuestos en defensa de esta causa digna y loable, motivo de la lógica aspiración de aquellos seres humanos, afortunados por el sentido de la sensibilidad, excepcionalmente únicos en la materia, que pueden opinar con sus aportaciones científicas y de investigación, en la concepción que permita ofrecer los descubrimientos sobrelas cualidades y virtudes extraídas del ayer antiguo, en virtud de conformar su proyección introductora, incorporándolas al mañana moderno de la razón.

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Pues, por tanto, sirva “La Modernidad”, en presente, para transmitir, a tantos hombres y mujeres dedicados a esta ardua y compleja tarea de la investigación antropológica, etnológica y etnográfica, quienes nos inculcaron y abrieron el camino desde la ignorancia, hasta el mundo de la cultura del tiempo, nuestro más profundo reconocimiento y agradecimiento; en especial y representando a todos ellos, a ese gran maestro que se nos ha ido Julio Caro Baroja, hombre sabio y querido, por quienes amamos, lo que él amó.

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REFLEXIONES PARA EL FUTURO


Desde hace tiempo, en colaboración con etnólogos, antropólogos y etnógrafos, hemos deseado aclarar, solo a modo de reflexión, la necesidad de comunicar y mentalizar a quienes en mayor o menor intensidad, influyen en la definición de las tareas de investigación de estas materias, con el deber que tienen de comenzar a diferenciar los distintos campos de trabajo, que se implican cuando nos referimos, al estudio y posterior presentación, escrita o física, del pasado, ya sea, antropológico, etnográfico o etnológico.Para ello nada más sencillo, que acogerse a la etimología y semántica de sus propias palabras.En cuanto a la antropología, como ciencia o profesión, es sencillo acometer su explicación, mediante la separación de las letras que componen la palabra.

De “antropo” o “antropia”, elemento procedente del gr. Anthropos, hombre, desde, y a partir, de la caverna, y “logia” de exposiciones relativas a un pueblo. Por tanto diremos sencillamente que la antropología es el estudio y muestra de la parte de la historia natural que trata del hombre.Con respecto a la etnografía y etnología, por los propios escritores del ramo, se estima una diferencia más compleja, cuando con frecuencia, tratando temas de etnología, insertan de suya, etnografía, o a viceversa; más en función de evitar una redundancia lingüística que al propio deseo, de aplicar la palabra correcta.

Así, la etnografía, de “ethnos” (pueblo) y “grafía” (escritura), nos indica con claridad, que su objetivo es la forma de escribir sobre un pueblo mediante el estudio de las actividades de un grupo o colectivo humano; limitándose a transmitir fundamentalmente la constitución de la antropología social y cultural; así como asimilar la función didáctica, proponiendo las teorías antropológicas resultantes, exclusivamente, de forma heterogénea y desde su inicio en el plano del tiempo y hasta nuestros días.

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Sin embargo, la etnología, “ethnos” (pueblo), y “logia” (galería exterior techada y abierta, conteniendo esculturas, monumentos y exposiciones relativos a un pueblo, o muestras visuales de las artes, costumbres y tradiciones del mismo), se diferencia de la etnografía en que esta primera, la etnología, además del carácter de asumir cuanto aporta la etnografía, se dedica a precisar y catalogar el estudio circunscrito, durante un período de vida, imprimado por el conocimiento de los caracteres de cada etnia, homogenia y heterogenia, siempre que posean (previa información de la etnografía), una estructura familiar, económica y social que asuma la variación de los seres humanos, en el espacio y en el tiempo; cuya unidad se basa, en una comunidad de lengua, cultura y conciencia de grupo; subdividiéndose ilimitadamente al campo de la antropobiología (como ciencia diversa de investigar la paleontología, que intenta reconstruir el pasado del linaje humano, comparándole en su evolución, durante épocas concretas, a través de los elementos y actividades rescatados y recogidos por la arqueología y otros sistemas y métodos); además del aspecto de la antropología sobre las culturas, económica, política y social y su explicación que se adiciona en su primer apartado. Lo expuesto puede representar con objetos, utensilios, elementos diversos y variados, lo referente a la vida de un pueblo, expuestos en una Galería o Museo. La etnografía solo podrá escribir sobre ello.

Museo de la huerta Alcantarilla
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Por este motivo, aquellos antecesores que crearon y dirigieron a comienzo de los años de 1.960 el Museo de la Huerta, denominándole como: “Etnológico”, cumplieron fielmente, sin lugar a dudas, por un buen asesoramiento, con el sentido etimológico y semántico a que se refiere su continente y su contenido. De esta forma, habría que proceder en el futuro, a ayudar, en justa medida, a definir y catalogar todos aquellos museos de España, que se encuentran a caballo, entre lo etnográfico y etnológico, separando sus intereses de acepción, puesto que correspondiendo a ciencias analíticas vinculadas y compatibles de su mismo hábitat, abrigan el derecho de ser defendidas con precisión, en campos diferenciados

.CREACIÓN MINISTERIAL 

Es por ello, que el señero Museo Etnológico de la Huerta de Alcantarilla Murcia, con muestrario en sus inmediaciones de culturas tardo – romana y árabe, que ha sido remozado
convenientemente, junto al paraje del Cabecico, del Agua Salada, con yacimiento Ibérico próximo en trance de seguimiento y estudio que viene aportando ya, un cúmulo de objetos arqueológicos de la antigüedad, dignos de admirar; proporcionan el mayor deleite para la contemplación de cuantos le visitan. Pero sobre todo ello, hay que significar la preponderancia del Museo Huertano, que queda ubicado en una zona privilegiada de la huerta, imagen sustancial que provoca la cita inmediata de quienes pasan por su entorno. Este Museo de la Huerta de Murcia, de significado etnológico, se crea por Orden Ministerial de 25 de Abril de 1.967 (B.O.E. nº 135, de 7 de Junio de 1.967), siendo entonces Ministro de Educación y Ciencia D. Manuel Lora Tamayo, quien lo inaugura el día 11 de Marzo de 1968. Ubicado en un espléndido lugar de la huerta de Alcantarilla en Murcia.

Recinto que debe su excelente idea, a un hombre murcianista y apasionado por las costumbres huertanas, que fuera Alcalde en aquellas fechas de Alcantarilla, D. Diego Riquelme Rodríguez, dedicado con esmero a la defensa de nuestra historia étnica. Adelantado en su tiempo, lleva a cabo con toda profesionalidad su creación, ayudado por la experta mano de otra figura puntera: su primer Director de instalación, D. Manuel Jorge Aragoneses. Dicho Museo Etnológico, fue declarado “Monumento Histórico Artístico Nacional” por Real Decreto 1757 / 1.982, de 18 de Junio, referido a la Rueda – Noria y Acueducto, por entender la Real Academia de Artes de San Fernando: “que la citada Rueda de la Huerta y Museo Etnológico de Alcantarilla (Murcia) reúnen méritos suficientes para merecer dicha declaración”, quedando desde este fecha bajo la tutela de la Dirección General de Bellas Artes.


LAS PIEDRAS ANTIGUAS DE SU ENTORNO 

La misma huerta, entre ella, la zona que se conserva en Alcantarilla, como lugar cercano a la capital, equidistante, según las viejas crónicas, a un “tiro de arcabuz”, que fuera alquería con puentecico de signo de agua, cuyo nombre árabe la designa como tal, en la raíz de Qantara Asqaba, cual ha sido estudiada por Torres Fontes, y Frutos Hidalgo, más recientemente, aunque se menciona parte de su urbanismo, Noria o Rueda, entonces de madera. Esta, bella estampa paisajística, camino hacia Murcia, pero bordeando los huertos repletos de naranjos y limoneros, junto a pertrechos de bancales envueltos en verdes milagros, suaves, a veces lúcidos en su anagrama de barroquismo, que degustara con la mirada, el autor del “Lazarillo español”, añorando desde la lejanía la presencia del vegetal huertano, como en el medievo lo pudo añorar el mismo Ben Arabí, o W. Al – Bucaira, y donde, desde luego, el artefacto hidráulico, con el acueducto y su serie de arcos, fundamenta ese momento esencial de la recreación, que comporta un estremecimiento vivencial, transportándonos al pasado.

Porque cada paisaje asume su proverbial mensaje, a veces catapultado por las siglas del impacto que provoca, que para nuestro viejo huertano cavador, era base de su laborar, pues nosotros nos imaginamos a los ancestrales personajes de nuestra tierra sometidos al vaivén del agua, sintiendo el dolor de la sequía y amenazados por la riada; de siempre fundiendo el sudor de su trabajo, con el rodar de la Rueda, que va levantando el agua de las acequias, por medio de una trama mágica, donde el arcaduz y el cangilón, ajustan sus destinos en esa faena limpia y útil, como si el árabe, hubiera deseado su implantación definitiva en esta tierra; recogiendo el saber del mundo clásico, de esta forma de trabajo, heredado de la cuna de la civilización de los países helenos: el riego tradicional de la huerta, por medio de artilugios hidráulicos expuestos en este recinto.


Lo que significa que la Rueda (que según el “Tesoro de la lengua castellana” de Covarrubias, proviene de rodar, en acción constante de sentido circulatorio, como la misma vida), ha sido y es, un monumento no sólo folklórico, más también elemental, en la forma de vida y de cultura de nuestros antepasados, en el ámbito del clima mediterráneo. De aquí, la conveniencia de conservar por derecho y legado, todas las expresiones típicas del hacer del huertano, donde, la circunstancia misma de nuestra huerta, se incrusta en la vida cotidiana que enlaza a su ámbito ecológico y arquitectónico – semiótico.

Investigar sobre el origen de la Rueda de Alcantarilla, tan estimada por propios y extraños, de la que se ha dicho que es el rostro por el que se conoce a Murcia en el extranjero, puede llevarnos a recurrir al elucidario sin límite; “a fórmulas tan vagas, que sin duda nos hunden más en la incógnita”.Pues los harapos de los edificios, constituyen su misma gloria y con ello se refiere a la Rueda gigantesca que perfila su rostro al paso, por el Museo de la Huerta, donde el viajero ojea y ha de detenerse, para mirarla, como si se tratara, de dama ataviada con sus mejores galas.Porque entre su entramado, se aferra la plegaria del musulmán que se entretuvo en Mursiya, en forjar sus cuitas de laborar, entre acequias y meranchos, llevando las arterias venosas del agua al corazón de la huerta, a través de acueductos pétreos y ruedas de madera, hoy casi todas desaparecidas y cuya representación se encuentra en este lugar del Museo de la Huerta.

El descubrimiento de la Rueda, como eje fundamental de nuestra contemplación, se inserta en la nomenclatura del testimonio de un pasado eficaz y de hábitat rústico, cuya construcción hay que advertirla, acaso, en el S. XV, aunque creemos que data de época anterior, como son los arcos, de una longitud de 200 metros aproximadamente, y una altura construida cercana a los 9 metros en algunos pilares, que ocupan su entorno de piedra reconstruida en los Siglos XV y siguientes, pues ya el 10 de Julio de 1.451, … “el Dean de la iglesia de Cartagena Fernando Alonso de Oña, manifestaba al concejo de Murcia..” “.de cómo en término y territorio del lugar de Alcantarilla”, “EL SE DISPONÍA A HACER EN LA ACEQUIA MAYOR DE ALQUIBLA UNA AÑORA QUE SACASE AGUA …”, cuya licencia fue otorgada para: “PONER DICHA AÑORA A LA DICHA ACEQUIA”. Lo que hace lógico pensar, que la obra de construcción del Acueducto de Arcos, fuera de siglos pasados, y la forma de uso, supuestamente realizada, mediante elevación del agua por sistemas artesanos y de empuje con animales.

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Si ya, el Deán Fernando Alonso de Oña, interviene junto con el Concejo murciano, en el establecimiento de la “añora”, con el fin de que “sacase agua”, para regar tierras que serían después tuteladas por un Heredamiento, que se ha ido consolidando con actas y Juntamentos precisos; es cierto que su formato era de madera, como las restauraciones en época posterior, de muy distinto tamaño a la que en la actualidad vemos, sin duda, ceñida a unos límites majestuosos, con un entramado colosal que nos evoca, la ejemplar construcción árabe, con supuestas influencias romanas. En efecto, hay fechas reconsideradas y expuestas por el mismo Jorge Aragoneses, en su guía museística, amén de las apuntadas por Frutos Hidalgo, cuya tesis, es ya un monumento, en torno al Señoría de Alcantarilla, e Historia de Alcantarilla, de la Prehistoria al fin del Señorío, como las de 15 de Noviembre de 1.550, en que se remoza el artefacto, así como las fechas de 1.850, observada por Madoz, en 1890 y la vigente de 1.956, esta última de hierro.

Sin embargo, hemos de delatar la potencia, aún de la Rueda y su acueducto, su eficaz compromiso con las tahullas que riega, al socaire de la acequia Alquibla, que es el aliento suministrador del líquido elemento, restos pétreos que ahora son rostro esencial de la imagen del Museo, junto con la Barraca y el Monumento al Huertano, y más aún con la aceña, que le sirve de acompañamiento, con la que simboliza el ademán, de una parábola en honor del privilegio del agua, con el de la huerta, a cuyo contagio se desvela la sustancia del alimento de su habitante, tanto rural, como urbano, cuando la ciudad se come a su paisaje.Sin duda que la Rueda y su acueducto como basamento arquitectónico, insistimos en el ámbito museístico, sigue siendo: “Como un gigantesco reclamo que obliga a detenerse y a inquirir después”. Como hemos expuesto, desde el S. XV, se ha ido desarrollando, como elemento del hacer labriego, junto a continuas reparaciones en sus bloques sillares.

Museo de la huerta Alcantarilla
Museo de la huerta

Los arcos, que se instalan en el arcaico acueducto, llegaban durante el pasado siglo, hasta una zona alta, de montículo, allende la carretera que cruzaba de Granada; que por necesidades del Plan de Carreteras, se tuvo que degollar parte del mismo, quedando, al otro lado un detalle majestuoso de arcada, cuya piedra laminar enraizada en ángulo de caserío, recrea la vista, como si se tratara de un escorzo de paisaje anclado en el viejo costumbrismo huertano. Tal es el vigor de la Rueda que asume una personalidad y da pauta al descanso, sirviendo de tema, para propios y extraños, que a su paso por el lugar, no tienen más remedio que pararse y admirarse de este recinto paisajístico.

La gesta de piedra, es la de su misma gloria, que consume el paso del tiempo. Los Arcos, que bordean la Rueda aludida, son estampa de una arquitectura medieval, que en los siglos catorce y siguientes ha congelado una estructura y traza esquemática, como pieza de origen árabe, con influencia romana, perteneciendo la actual al Renacimiento, que ha sido transformada, hasta la que ostenta hoy día su lugar, con corona de 36 cangilones en cada costado circular, con un total de 72 cangilones, con dimensiones de 11 metros de diámetro y 1’90 metros de anchura, que eleva el agua de la Acequia Mayor, a los bancales del paraje de la Voz Negra, a varios kilómetros de su partida en tierras de huerta y secano, pues como recomendaba el tratadista romano Paladio (S. V d. C.), en su “Opus agricultarae” I, XXXIV, las formas de regadío de las diferentes huertas pueden ser muy variadas: “Pero en cualquier caso siempre existe la posibilidad de mantener tierras de huerta, junto a grandes plantaciones de secano”, totalmente coincidente con este lugar en cuestión.Entendemos que esta zona huertana conforma la entidad paisajística del Museo Etnológico, Antropológico y Costumbrista como muestra perenne de la Historia de la Huerta de Murcia.

LAS SALAS MUSEÍSTICAS 

Dicho recinto ubicado en zona paradisíaca, nos muestra con acopio de exposiciones y salas que nos indican los valores de nuestra huerta, el flujo de la vieja cultura del labriego cavador. Es un medio necesario para investigar el pasado, y como tal se hizo, tratando de recomponer el sentido de la etnología de la huerta. Siendo pionero en España, se ha ido incrementando, con nuevos aportes a través de la propia acción municipal. Además de la Guía del Museo, del ínclito D. Manuel Jorge Aragoneses; y de dos libros precisos de Diego Riquelme Rodríguez, en torno a su origen y evolución; amén de otros trabajos pormenorizados que intentan difundir su impronta cultural.

Museo Alcantarilla


El Museo cuenta con esta serie de salas en su interior, dedicadas a los aspectos de aperos de labranza, a la cerámica y trajes huertanos, junto a una biblioteca sobre temas específicos. En tanto que en el exterior queda ubicado el Monumento al Huertano, obra de Anastasio Martínez, recia figura de nuestro labrador; también son visitables la Aceña, la Barraca acaso de lo más típico y curioso donde se puede informar sobre la morada de nuestros abuelos huertanos – con el consentimiento de sus elementos singulares –

.Afamados ingenieros de Canales, Carreteras y Puertos, han quedado admirados al visitar el entramado Hidráulico existente en la periferia del Museo, donde se puede contemplar el ensamblaje de acequias y cauces que componen el punto de distribución de aguas de riego más importantes de la Huerta de Murcia y donde convergen las acequias de Barreras, Turbedal, Dava y Acueducto de la Rueda.Precisamente este recinto museístico que se ubica junto a la Carretera Nacional hacia Granada, fundamenta su imagen esencial que viene a ser como su tarjeta postal más característica. Pasaporte más elegante y que le da realce en el contorno de los diversos países de Europa, que le visitan.

Su contenido encierra una riqueza impresionante sobre la vida antigua de la Huerta, donde sólo su visita, hace comprensible el conocimiento de las exposiciones. Y es que no deja de sorprender, que puedan observarse, desde aquellos elementos básicos para el trabajo, hasta instrumentos para desmenuzar para limpiar sus acequias, con el clásico “palo de monda”; sin descuidar las “horcas” para la basura; las “sembraderas” de esparto; el “capazón” para la recogida de la simiente y después de esparcir por los bancales, expresando esas sencillas faenas; otras más laboriosas, de allanar la tierra de sus amores, como la “trailla”, pergeñada con madera, a la forma de rastrillo.

Sin descartar el famoso “trillo” de cuchillas para triturar la tierra, en la cálida y larga faena de la siega, que el huertano empleaba para filtrar todo tipo de cereales y legumbres, y que le servía junto al “horcón” de la paja, para elevarla a los carros típicos. El “arado” es ejemplo de aquella labor sustancial, con sus piezas tan significativas como el “timón”, “cameta”, “dental”, “reja”, “tarcón” y “ovejeras”, toda una simbología de aquella vida que se nos fue. Y siguen cursando el espacio de la vista, las “melenas” y “frentiles” de las bestias, con lo que aquellas evitaban el roce frenético del “yugo”, “uvia” y “apoyaturas” de esparto; sin dejar en menosprecio la “hoz”, “corvilla”, “manopla” y “dedil”, los otros objetos relacionados con la siega, como la “badana” del segador y la “horqueta de aventar”, “palas de trespalar”, sin dejar en el olvido el “trillo de pedernal”, más arcaico y que se conserva en el Museo como pieza destacada.

Otras muestras son el “molinillo de trigo”, objeto de mano, para triturar el grano; las medidas de las que se servía el huertano para valorar el peso y volumen, como la “media fanega”, el “cuarterón” y el “celemín” o “medio cuarto”.Existe todo un variopinto mundo de objetos que nos revelan la presencia ancestral del laborar huertano y de nuestro campesino, como huellas de su pasado, que viven en estas piezas relacionadas con la industria del “cañizo” y del “esparto”, quedando presente el “banco del alpargatero”, donde se hacía ese “calzado tejido de esparto”, tan entrañable, con la mesa de madera de pino rojo, donde se ubicaba la pleita y la tijera grande de este menester.

Otro contenido, lo forma toda esa serie de artesanía doméstica a través del “zafero”, “jofaina” y “palangana”; y los “plateros” con soporte que contiene las fuentes que se “acomodan de forma vertical para que se escurra el agua …”, de ahí el sobrenombre de escurreplatos y donde el artesano platero agudiza su ingenio y fantasía en este arte. Otra cosa es el “toballero” y “cobertero “, que con el “cucharero” y las “jarreras” anotan todo un variopinto conjunto de elementos que formaban parte de la morada del huertano, y donde no podía ser menos la típica y sugerente “jarra de pico”, por donde bebían el agua la novia junto con el novio, en símbolo de fidelidad. Se muestra pues, todo un fondo de objetos caseros, donde el “botijo” con sus variaciones toman y cobran valor propio, el “candil sencillo”, y no digamos los “mozos de sartén” y la “paellera”, o los “cestos” y “salvamanteles”, el “mangual” prosaico y el “mortero de mano”.Queda patente, en el Museo, toda esa cultura que expresa parte del mobiliario, que es donde se puede mejor situar el sentido de la filosofía vital del huertano, con la distinción básica entre los muebles que forman parte de la cocina, de la alcoba y los que integran la faena agrícola, distinción menuda y que es preciso tener en cuenta. De ahí, la presencia de la silla y sus derivados, la mesa como forma de tablón sobre patas, con dos alas, rectangular y en círculo. El “arcón” conforma el mueble de más categoría, como contenido y eje de la vida doméstica y donde la novia guardaba el “ajuar”; que junto a la “cómoda” y “arquilla”, significan los elementos integradores del alma femenina.

Otros objetos domésticos son la “quesera”, serie de “calabazas”, el “pie de artesa”, la “cernera” y “cedazo”, junto a los moldes de la “dulcería” que tanto amaran personajes de nuestro paisaje más querido de la huerta, Vicente Medina y Jara Carrillo.De la semblanza arabesca del murciano, nos da muestra su típico traje, cuya exposición se inserta, específicamente en una sala del Museo, con las prendas que comprenden el femenino, mucho más variado que el del hombre, ya que la primera presenta la “camisa”, “armaor”, “pantalones”, “cubrecorsé” y “enaguas”, junto al “pañuelo de varé”, la “manteleta”, el “refajo”, “zagalejo” y el “delantal”; prendas de paño “bayeta de lana”, de color rojo o verde, con las “medias de repizco” y las “esparteñas” o “alpargatas” cintadas; todo ello aderezado con los clásicos collares, alfileres de cabeza, sortijas, abanicos, etc. que daban realce a la mujer huertana, sin duda de las más bellas del mundo, atractivas y sensuales como las vio el viajero del pasado siglo Ciro Bayo, a su paso por Murcia.

Sin embargo el traje del varón es más escueto, integrado por la “chamarreta” y “calzoncillos”, “chaleco”, “casaca” (“yalik”), los “zaragüeles” (“sarawil”) y la “montera” y “monteriquia”; sin descartar la “manta o zurrón”, que en algunos puntos geográficos de la Huerta todavía se veían, no hace muchos años como vestuario cotidiano, heredado durante siglos y que nosotros mantenemos sobre el “catre” en la sala de mobiliario de descanso.

Significar, que dentro de la ropa de carácter huertano, el Museo, cuenta con típicos “cobertores” o mantas; cobertura de abrigo para la cama, que la dama mantenía como propio del ajuar en el interior del arcón, que se pergeñaba en los clásicos telares, donde las manos femeninas ponían todo el sabroso hacer en aquellas formas de “orden seguido”, de “centro y cenefa” o los “filias”, con la seda de los gusanos de sus ancestros, que se muestra en una sala del recinto museístico, específica sobre el arte del “Telar”; expuesto a la vista como originariamente se practicaba en el pasado, por ser Murcia Ruta de la Seda del Mundo.

No se descarta, en esta ruta interior por el Museo, el contemplar las vasijas llamadas de basto, en la base de la alfarería; como su serie de botijos para el agua o el aceite, este último que se extrae de la vieja almazara, donde se hace la “molturación” del aceite, que se extrae tras una ceremonia añosa. Vasijas de mejor factura, son los lebrillos amplios y menudos, que nos sugieren la entrañable labor de la mujer en faenas diarias y festivas. Toda una serie de utensilios de menaje en razón de la cerámica y cristalería, con el sesgo de la fábrica cartagenera del S. XIX, de Valarino, donde la jarra y el vaso nos transporta a la antigüedad, experta en este a modo de “soplillo”,de moldear el vidrio, que adorna como lujo y joya los rincones más íntimos del hacer doméstico, y que tanto significaron en el tiempo de la Roma Imperial.

La metalistería, ocupa franco espacio y muy significativas piezas, nos evocan tiempos no muy lejanos, como la serie de “chocolateras”, “cazos de rabo largo”, amén de la presencia de una “bacía”; “almireceros”, “ollas”, “braseros” y el “calentador de cama”, tan usual en las mansiones; al igual “cetras” de tinajas para sacar el agua, y otros muchos utensilios básicos que la huertanica, sabía limpiar con la llamada “arena bruja” y “el limón”.

Es claro, que todos estos elementos que integran la materia museística, forman parte de la cultura de la huerta, que va desapareciendo sensiblemente, pero que gracias a este recinto etnológico se puede ir saboreando quedamente; dándose uno cuenta de todo su mensaje; como el que conforman utensilios para aquellas faenas ancestrales del huertano, realizadas en sus ciclos de estío o invierno referidas a la siega, recogida de la aceituna o de la vid, utilizando estos instrumentos propios y rudimentarios que han sido sustituidos por la nueva técnica, pero que reviven aquí, en el Museo, como las “prensas”, “cojines”, “capachos”, los “cubos” de la recogida de la vid, etc.

Si no fuera suficiente con toda esta variada gama de aspectos de la vieja cultura huertana, también se intenta acoger en el porche previsto para ello, todo lo relacionado con el carruaje y sus artes de labor, en su vario significado, desde la “Galera”, hasta el simple carro de la “mies”, o el del traslado de la nieve, aspecto típico en nuestra Región, (donde existen pozos de nieve, desde tiempo inmemorial en la Sierra de Espuña a 1.600 metros de altitud), cerrándose esta sala con un completo abanico de aperos y utensilios que posibilitan una sugerente y acogedora imagen de nuestra más prístina cultura de la tierra.

DISTRIBUCIÓN DEL MUSEO INMUEBLE:

El edificio consta de una nueva construcción, con un número de tres plantas, semisótano, planta baja y primera; además de la parte antigua que ha sido restaurada y acondicionada en 1.999.Las Salas de Exposición, que en la actualidad corresponden a un número de 6, están divididas con los contenidos siguientes:

SALA I:

Colecciones de cerámica de firma reconocida. Vidrio de la fábrica de Valarino de Cartagena. Lebrillos de la firma “Manufacturas de la Cartujade Sevilla.

Expositor con el libro de Escritura del año 1.850 sobre redención de la Noria y Acueducto de Alcantarilla. Mueble artesanal de plateras, arcas y cofres (siglos XVIII y XIX).

SALA II:

Mobiliario de barraca, aperos de huerta y campo, pesas, medidas, objetos y utensilios de gremios artesanales (caña, esparto, almazara, destilería y bodega); también se expone único y excepcional ” El Rincón del Tinajero ” de Casa Torre (siglo XIX)

.SALA III:

Telares del siglo XVII y XVIII de “pozo” y “lanzadera”, herramientas, maquinaria auxiliar, peines, ruecas, “cócios”, etc.

Tres grandes expositores con 10 maniquíes vestidos con trajes típicos antiguos (de novios y de lujo, de labor, de encajera, labores de la huerta sericícolas y domésticas, siglo XIX). Expositor con colección de abanicos y rosarios de los siglos XVIII y XIX. Mobiliario de ajuar: cabezales, camastros y cunas.

SALA IV:

Metalistería en bronce, cobre y hierro. Instrumentos musicales de la tierra.

El alumbrado de la tierra y el campo. El alumbrado de la Barraca, la Casa Torre y la vivienda urbana. La cerrajería artística de toalleros y zaferos. El molino de viento del campo de Cartagena

.SALA V:

Biblioteca temática: estancia con mobiliario de época que representa el lugar de reunión de la Junta de Hacendados o “Consejo de Hombres Buenos de la Huerta”. Dispone de un fondo bibliográfico con extenso catálogo de autores de la Región. La clasificación en el año 1.967 fue realizada por D. Diego Sánchez Jara. Todo según consta en la guía de este Mueso redactada por D. Manuel Jorge Aragoneses.

SALA VI:

Sala de nueva creación en el edificio ampliado.

Expositores y vitrinas dedicados a presentar toda la información y documentación posible sobre el inicio de la alquimia por medio de las boticas, actualmente farmacias. Cuenta con cubetas maquinaria primitiva, objetos antiguos, frascos de alquimista, medicamentos antiguos, etc. También merece mención especial la magnífica biblioteca sobre el tema.

RECINTO EXTERIOR:

En la entrada principal se expone una trilladora de principios del siglo XX que trabajó en el campo de Cartagena y una caldera de hierro fundido perteneciente y en homenaje a los conserveros de la Región.Al Sur del recinto, bajo típicos porches, se sitúa la maquinaria y el carruaje.Hacia el oeste la Barraca, típica vivienda de la huerta murciana, está acompañada en el exterior por un horno moruno y un pozo de agua. La Barraca consta de dos cuerpos, el primero acoge fogaríl, rincón del tinajero, cañizo para la seda y utensilios domésticos y de menaje; y el segundo es el dormitorio con cama, camastro y cuna, adornado por mobiliario variado.

En la parte superior, un cañizo a media altura, crea una cámara que hace la vez de despensa para la conservación de los alimentos y productos para el invierno.Frente a la Barraca aparece el monumento al Huertano del escultor Anastasio Martínez, pieza fundamental en homenaje al hombre sacrificado al cultivo de la tierra, cavador, labrador y cosechero. Aparece con el traje típico compuesto de camisa, chaleco, manta zurrón, zaragüeles, esparteñas, legón en la mano y a veces para cubrirse del sol, en la cabeza, la simbólica montera que tanto parece un turbante morisco y vestido con su “armaor”, refajo , “zagalejo”, delantal, pañuelo de “vare”, medias de “repizco” y alpargatas.

En el parque central de jardines altos, se encuentra la Aceña o Ñora de Sangre: circuito cerrado de agua canalizada, y la hornacina de la Virgen de la Fuensanta, Patrona de Murcia.Más al oeste del recinto, junto a la zona monumental, se encuentra el balcón de las palmeras o también llamado “Rincón de los Enamorados”, desde donde se puede contemplar una panorámica semi frontal del majestuoso artilugio de la Noria; como así mismo se puede ver la impresionante obra hidráulica que la mantiene y organiza el control de su funcionamiento.Punto monumental de visita obligada, la terraza de la Noria, invita a imaginar la historia de la huerta, a través de este entramado hidráulico – arquitectónico compuesto por la confluencia de las acequias Alquibla (Barreras o Mayor), Turbedal y Cequeta, sostenida ésta por el impresionante Acueducto de ladrillo que preside el lugar más emblemático.

Este lugar junto con otros restos pétreos, además de la propia imagen al norte, se refiere a la gran construcción de muros y arcos que sujetan el inmenso eje del artefacto estacionado de la Noria, que posee unas dimensiones de 11 metros de diámetro, 1’90 de anchura, dos coronas que incorporan 36 cangilones cada una y unidas por 36 palas curvadas, que son las que reciben el impacto del salto del agua, para desarrollar el propio trabajo de giro, elevándola hasta el canal superior del acueducto a 8 metros de altura de la superficie de la acequia donde la toma.

APUNTES FINALES
Naturalmente, nos hemos dejado aspectos, que quedan más para la contemplación, que para la reseña, que sin duda, podrían ocupar innumerables páginas de nuevos trabajos.
La presencia de este Museo Etnológico, (muestra y ejemplo de otros muchos que se han creado en las últimas décadas) es algo fundamental desde el enfoque pedagógico, añadiendo que la gran riqueza de este recinto, se encuentra en su ubicación, marco incomparable de restos arqueológicos, ibéricos y romanos, dentro de auténtica huerta arabesca, que son testimonio de su glorioso pasado.
En definitiva, un recinto al que es preciso acudir con profundos ojos de etnólogo, con la atención que cada utensilio merece, en aras de comprender, el espíritu y categoría, de su catadura y relieve.


MUSEO ETNOLÓGICO DE LA HUERTA DE MURCIA
Avenida Príncipe s/ n 30.820 Alcantarilla
Teléfonos: 968 89 38 66
Fax: 968 89 25 86
Correos Electrónicos: museohuerta@ayto-alcantarilla.es y turismo@ayto-alcantarilla.es

Horario de Invierno (de octubre a mayo)

De martes a viernes: de 9 a 19.00 h.
Sábado de 10.00 a 14.00 h. y de 16 A 19.30 H.
Domingo de 10.00 a 14.00 h.

Horario de Verano (de junio a septiembre)

De martes a viernes: de 9 a 20.00 h.
Sábado de 10.00 a 14.00 h. y de 16 A 19.30 H.
Domingo de 10.00 a 14.00 h.

El museo y su entorno permanecerá cerrado todo el mes de agosto.

Grupos: Concertar visitas con antelación.

Lunes y festivos cerrado

www.alcantarilla.es